Con Donna Bell delante es imposible no sentir como tu corazón se acelera, como bombea la sangre por tus venas a más velocidad según ella se va tocando sus bonitas y grandes tetas, y como la hace fluir hasta tu polla para ponerla a punto para que ella la acoja con sus manos, la abrace con sus labios y tus latidos se mezclen con los suyos en un torrente de pasión desenfrenada.

Latidos de pasión
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